
Una tarde de sol el día 14 de un mes cualquiera de un año
imposible de recordar, salí de casa contenta y decidida a encontrarte, no nos
habíamos visto nunca pero supe que te reconocería, era como si hubiéramos
vivido alguna vida anterior, porque sentía que no eras un extraño, solo tenía
que saber cómo eras por fuera que por dentro ya eras real.
Entré en la cafetería y te vi, sabía que eras tú…, te seguí,
sabía que era a ti a quien tenía que conocer y después de un par de miradas por
fin tú también tenías el mismo sentimiento.
Nos saludamos…, no nos presentamos. No era necesario, pues
sin saber como, nos conocíamos. Solo tuve que cruzar el semáforo contigo para
decidir que te iba a besar…lo acababa de decidir, solo tendría que mover los
hilos de manera que pareciera que la idea había sido tuya. Me gusta jugar…, de
modo que la conversación de la noche tendría que parecer de lo más amigable,
incluso seria, pero con toques divertidos y amenos, tenias que sentirte atraído
por mí… ¡tú por mi!
No sé qué tendrías metido en tu cabeza, pero la mía se lo
estaba pasando genial, tengo que reconocer que eres un encanto, muy agradable,
serio (aunque te cueste reconocerlo), simpático (dentro de la seriedad), un
tanto adulador y por lo tanto un poquillo mentiroso, o sea, que reúnes todos
los puntos necesarios para ser el acompañante ideal para mi noche perfecta.
¡Bien! sigo jugando mis cartas, pero sin mostrar los ases.
(Pero si insinuándolos). En los bares de copas ponen la música muy alta… Por lo
tanto no es de extrañar que me tuviera que acercar tanto para hablarte y
mientras tus oídos oían tus ojos veían. Te pille varias veces. ¡Esto empezaba a funcionar…!
¡Y funcionó…! Fuiste tú el que me pidió un beso!
Pasó la noche y casi de madrugada nos despedíamos, sin saber
si volveríamos a vernos; pero te entró mucha sed, tanta que tuviste que subir a
mi casa a beber un vaso de agua que nunca me pediste…, y por lo tanto jamás te
di.
-- ¡Huy que tarde es…! ¿Pero como nos hemos liado tanto con
lo temprano que hemos quedado?
Fácil. Para conocerse es necesario tiempo.
De modo que cada noche procuro dormir un poco más, por si mi
mente decide volver a soñar contigo, me apetece otra noche mágica y casi casi
real.










