Me miras insistentemente desde dentro de la ventana sin
entender que hago aquí… Preguntas a todos para saber quien ha puesto mi semilla
en tu jardín, no eres capaz de admitir que solo has podido ser tú. Tu rebeldía lo
niega y tu cabeza espera encontrar una solución que sea de tu agrado.
--¡Yo no te he plantado lo se perfectamente! Y los girasoles
no hablan tu solo eres una ilusión. ¡¡Déjame en paz!!.
--No puedo irme hasta que se complete mi ciclo y mientras
eso sucede he de hablarte de tu hijo.
--¡¡Yo no tengo un hijo!! ¿Que dices…? Ni pienso en tenerlo al
menos en este momento tan confuso de mi vida… que solo quiero llorar.
--Lo tendrás y seguirás llorando pero tus lágrimas no serán
las mismas. Ya no llorarás por ti sino por el pequeño que amamantarás con amor.
Sonreirás al mirar su carita y en tu corazón no cabrá sitio para ningún otro
amor.
--¿Y si es así, porque lloraré por él?
--Porque pensaras que se merece un padre como los demás niños,
no como el suyo que solo lo quiere para llevarlo a su oscuro mundo y que le
ignora al no permitírselo. Pero sufrirás mas cuando quiera arrancártelo de tu
lado… no por amor, sino por hacerte daño.
--Pero si es así yo no quiero esa vida.
--La querrás desde el primer día en que sepas que en tu
vientre alienta un ser que te necesita. No temas. Jamás estarás sola, te sobraran
personas que os quieran a los dos. Y ese ser egoísta y sin escrúpulos que
participó por accidente en su fecundación un día se cansará de actuar y se quedará
para siempre en su oscuridad.
-- Vale… Pero todavía no entiendo que hago yo hablando con
un girasol.
--¿Y crees que a mi me resulta mas fácil entender que hablo con
una persona? Piensa que soy uno de los
angelitos a los que rezas cada noche…









