- -¿Por qué lloras?
--Porque dice que se va.
- - Pero regresará, ya lo ha hecho
otras veces…
--Está muy cansado, temo que esta
vez sea para siempre.
- - Si así fuese está en su derecho, esa
es la libertad.
--Lo se, pero siempre duele su
ausencia.
- -¿Cómo has sabido de su existencia?
--De la mano de la providencia. Cuando entré en su casa todo me hipnotizó,
quedé prendada de su manera de pensar, de sus palabras y su modo de expresarse.
Él es un gran humano que todo lo engrandece, cuando se ríe las carcajadas
suenan altas y me contagian, cuando sufre no puedo evitar sufrir con él y
cuando se enfada sus mensajes son puñales que se clavan en corazones indiferentes
que son incapaces de sangrar. Y eso envenena lentamente.
- - Parece que tienes muy buen
concepto de él. ¿Lo sabe?
--Creo que no, nunca lo hemos
hablado.
- - Si se lo dices tal vez se quede.
--O tal vez se vaya más aprisa. Es
muy imprevisible.
- - ¿Sabe al menos lo mucho que le
aprecias?
--Tampoco lo sé… En realidad no
sé nada, solo sé sentir.
- - Eso puede ser mucho, cuando los
sentimientos son escasos en un mundo superfluo.
--Puede… pero no soluciona nada,
porque él se quiere ir.





