La casa de los regalos.

Al otro lado están casí todos los PREMIOS Y REGALOS, que me habeis dado. Muchas gracias.
Ahora mismo hay un Premio de Rayén.
En un blog nuevo que espero que funcione y os guste.
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1 de diciembre de 2012

Él se va.




    - -¿Por qué lloras?
--Porque dice que se va.
   - - Pero regresará, ya lo ha hecho otras veces…
--Está muy cansado, temo que esta vez sea para siempre.
   - - Si así fuese está en su derecho, esa es la libertad.
--Lo se, pero siempre duele su ausencia.
     - -¿Cómo has sabido de su existencia?
--De la mano de la providencia.  Cuando entré en su casa todo me hipnotizó, quedé prendada de su manera de pensar, de sus palabras y su modo de expresarse. Él es un gran humano que todo lo engrandece, cuando se ríe las carcajadas suenan altas y me contagian, cuando sufre no puedo evitar sufrir con él y cuando se enfada sus mensajes son puñales que se clavan en corazones indiferentes que son incapaces de sangrar. Y eso envenena lentamente.
   - - Parece que tienes muy buen concepto de él. ¿Lo sabe?
--Creo que no, nunca lo hemos hablado.
   - - Si se lo dices tal vez se quede.
--O tal vez se vaya más aprisa. Es muy imprevisible.
   - - ¿Sabe al menos lo mucho que le aprecias?
--Tampoco lo sé… En realidad no sé nada, solo sé sentir.
   - - Eso puede ser mucho, cuando los sentimientos son escasos en un mundo superfluo.
--Puede… pero no soluciona nada, porque él se quiere ir.



21 de octubre de 2012

Tu deseado abrazo.





Había llovido toda la noche. La tormenta me había despertado varias veces y me desveló. Sabía que no podría volver a conciliar el sueño de modo que preparé un té y me senté en la terraza cubierta, con vistas al parque donde me encontraría contigo. Mientras esperaba tú llegada el cielo me regaló una noche iluminada por los relámpagos que generosos habían decidido acompañarme.

El alba me sorprendió acurrucada en la hamaca de la terraza, donde el sueño a fin me había vencido. Me encontraba eufórica. Me levanté y al abrir el ventanal el aire fresco y el olor a otoño crearon nuevas esperanzas a mi vida.
 Bajé al parque, me apetecía pasear y disfrutar de las hojas caídas… Esa era la excusa que me puse a mí misma, lo que en realidad me apetecía era verte pero faltaban muchas horas; de modo que decidí pasar el tiempo en el sitio donde tendría lugar nuestro encuentro.

Faltaba una hora para tu llegada. Yo observaba que todo estuviera perfecto. La lluvia había limpiado los miedos, los truenos asustaron a los temores y el nuevo día había amanecido con un sol brillante que derrochaba su luz para que en el futuro no tuviera ningún tipo de sombras.

¡Y llegaste!

Nos abrazamos y sentimos el latir de los corazones entrelazados por la ternura y el deseo que proporciona la añoranza.  Sentir que ese día por fin estaba entre nuestros brazos fue un momento único al que no quisimos renunciar y así permanecimos sin percibir que el tiempo pasaba a nuestro lado y nos dejaba un guiño.

 Contigo a mi lado de pronto la vida se había vuelto perfecta y no deseaba más…





29 de septiembre de 2012

Aquellos ojos tristes.


Al volver la vista atrás a sus ojos siempre regresaba la misma imagen: esa niña callada y solitaria.
  La veía corretear por el campo y él tan solo tenía que asomarse a la ventana para verla con los ramitos de flores de distintos colores. Todas las tardes al amparo del cristal la contemplaba fascinado desde su anonimato. Había días en que la niña se paraba y se quedaba durante horas sentada en una roca o tumbada en la hierba, contemplando el trabajo de un insecto o el vuelo de una mariposa, en su soledad parecía intentar descubrir el porqué de todo lo que le rodeaba, con aquellos ojitos tan tristes en los que nadie jamás había visto el brillo de la alegría, esos ojos que adornaban una cara sin sonrisas.



Él lo había decidido desde el primer día que la vio. La haría sonreír y sería feliz a su lado, recogería flores y se subirían juntos a los arboles… no importaba lo que tuviera que hacer por ella ¡lo haría! Porque quería pasar toda la vida a su lado.

Esa decisión la tomó con tan solo nueve años, de eso hace ya muchos, tantos que en ocasiones pierde la cuenta, pero no le importa porque no está solo en sus lagunas mentales, ella, la niña de los ojos tristes está con él, y lo miran con ternura y una gran sonrisa, le peina el poco pelo que le queda con dulzura y un inmenso amor...

 El mismo que había sentido cuando siendo tan solo una niña, un niño muy guapo se le había declarado con dos margaritas en la mano, en aquel solitario campo al que todas las tardes iba después del colegio.

15 de julio de 2012

Tiempo pasado.




Pasó el tiempo y a pesar de todo lo vivido desde entonces hay partes del pasado que siguen intactas en la memoria. Las imágenes que ya deberían estar difusas continúan con el mismo color y con la misma viveza las recibe mi mente muy a mi pesar. 

Mi corazón estalló en pedazos cuando hoy al volverme me tropecé con tu mirada, hubiera bailado en tus ojos de alegría al verte, si tus manos no estuvieran rodeando la cintura de otra mujer mientras la besabas. Unas décimas de segundos me bastaron para comprender que ella te adoraba y para ti vivía, vi como te abrazaba rodeaba tu cuello y dulcemente respondía a ese beso que tu sin mayor interés le regalabas mientras mantenías la mirada fija en mi…

…Y en ellos leí: “Sigo sin aclararme, lo siento pero no me entiendo”.

No me quedaban fuerzas para seguir con tu juego. Me di la vuelta y seguí mi camino, no se puede volver al pasado cuando nadie te espera, aunque daría media vida por estar tan solo un instante en aquel mundo de ilusiones que un día viví a tu lado y ser yo esa que hoy te abraza. 

De nuevo me fui llorando y como siempre tú ni te has enterado, porque nunca has sabido ver más allá de tus deseos. Y hoy esos deseos estaban cubiertos.


4 de febrero de 2012

Un rayo de luna.



…y un rayo de luz la despertó. 

 Ese Astro sigiloso que despliega su luz en la noche, esparciendo su hechizo por el brillante mar que engalanaba las noches de pasión de Ángela.  La luna siempre observadora y cómplice de sus secretos de amor le hacia guiños…

Sonrió. Una sonrisa a su luna y otra para él.                                                                                                      
Ángel dormía plácidamente. Ángela le acarició con la mirada y después suavemente rodeó su cintura, dejó que su cabeza descansara sobre su pecho, se había hecho adicta al olor de su piel. Su cariñoso gesto obtuvo respuesta, porque al instante los brazos de su amado la anudaron a él, sus labios dejaron caer un beso en su cabello y un “te adoro” en su corazón.

…Pero una mañana Ángela sola amaneció. 

Nunca quiso creerse lo que Ángel le había confesado cuando aquella noche se conocieron “todo es limitado, el tiempo es prestado… Y yo he pedido un tiempo para estar contigo. Te pido perdón por mi ausencia cuando ya no me veas. ¡Pero contigo por siempre estaré! ”

Ángela jamás le olvidó…, pero sus lágrimas se volvieron risas al ver a su bebé nacer, un bebé con el resplandor de la luna y el amor infinito de sus padres.

30 de julio de 2011

Esa olvidada tarde.


Se encontraron y se saludaron con cierta alegría…

 Y recordaron mentalmente años pasados cuando solo vivían el uno para el otro, tal vez por ese recuerdo se tomaron ese café y charlaron del presente de cada uno y un poco del futuro. Él la acompañó al coche y antes de separarse se besaron, no hubo mariposas revoloteando en sus estómagos…, pero visionaron las mariposas de antaño.

Al día siguiente él la llamó…, le apetecía ir a ese sitio tan maravilloso en el que tantas y tantas veces habían estado y a ella le pareció bien,¡¡ los recuerdos eran tan bellos…!! La tarde se les fue de las manos ¡ambos sabían que eso pasaría! …Y pasó.

Las sabanas revueltas fueron testigos de que entre los besos y caricias ni un solo momento se habían amado. Se ducharon por separado porque a ninguno de los dos le apetecía ese momento de ternura, ni siquiera el abrazo en donde descansar o un beso en la nariz de complicidad...

¡… tampoco se arrepintieron,  no encontraron motivo para ello!

Hoy, después de tanto tiempo habían descubierto que eran almas libres y que el amor se había quedado en la época a la que había pertenecido esa pareja que hoy caminaba por separado. En la despedida no hubo besos, ni un adiós porque no quisieron ser  tajantes, por eso tal vez solo se  dijeron un informal “chao” con una media sonrisa iluminando sus miradas…

Tres segundos después ninguno recordaba esa tarde. Tal vez porque nunca existió. 
…O porque al no recordarla era posible que un día sucediera que al volver a verse se besaran de nuevo…

 Como esa tarde que nunca existió...

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