Estábamos
eufóricas, habíamos encontrado el modo de mejorar hasta casi la perfección un
producto del mercado... nosotras solas.
Todo empezó
como un juego y que se convirtió en un desafío. Pronto empezamos a querer
perfeccionar todo lo que teníamos ante nuestros ojos pero eran demasiadas, de
modo que decidimos crear una pequeña empresa con gente con las mismas
inquietudes: la perfección: sin aditivos ni errores que contaminaran la vida
del ser humano y no perjudicara este planeta tan castigado ya.
Lo que
había empezado con unos encantadores jaboncitos terminó siendo la empresa con
mas prestigio, todos querían nuestros productos por los beneficios tan
maravillosos que aportaban tanto terapéuticos como económicos, porque nuestro
emblema era la calidad y un precio muy asequible para que todos pudieran favorecerse.
Después
de los jabones fueron los medicamentos naturales, detergentes, combustibles
menos tóxicos… y un largo y gratificante etc. Habíamos mejorado mucho pero no veíamos el
final del túnel y un día caímos en la cuenta de que habíamos empezado por el
final. El problema estaba en nosotros mismos, en el ser humano, nosotros éramos
los responsables de todos los absurdos con los que estábamos conviviendo.
¡¡Fracasamos!!
La empresa esta en quiebra, no pudimos hacerlo… porque tan solo somos unos
cuantos humanos imperfectos intentando modificar nuestra propia naturaleza.
…En
fin. Tal vez en otra Era se pueda reparar ese primer resbalón.
