¡Extraña!
Si, era muy extraña la indigestión que aquel tipo alto y corpulento presentaba.
Su abultado vientre tenía irregularidades, la radiografía mostraba algo así como un desguace y su dueño no dejaba de canturrear entre lamentos incomprensibles…, los médicos se miraban y le miraban sin comprender como era posible que alguien se pudiera tragar todo aquello. Después de realizar todas las pruebas decidieron que habría que liberar al pobre hombre de tal cargamento, ya preguntarían después…
…Y preguntaron y él respondió:
“El timbre de mi casa sonó, abrí y era la vecina de arriba que con amabilidad me pedía permiso para entrar en mi casa, se lo concedí de inmediato… ¡faltaría más!; traía consigo muy poca ropa y una botella de cava y me pidió dos copas para brindar, mientras disfrutábamos de la música que en mi casa sonaba a todas horas y bien alta desde hacía más de un año, (no quise entender su ironía…), solo pensaba en el brindis y lo que pudiera venir después…
Con el primer sorbo de esas deseadas burbujas la vista se me nubló y cuando desperté me encontré completamente solo en medio del salón..., la nada absoluta donde antes estaba mi querida Micro cadena y en la pared unas letras bien grandes que decían…:piénsatelo dos veces antes de comprarte otro aparto de música y ponerlo a semejante volumen, no repito vía de introducción.
¡¡Que carácter!!
¡¡Y eso que dicen que la música amansa a las fieras!! Pues a ésta se ve que no…”
