
Un sol resplandeciente en la ciudad hacia suponer una perfecta
puesta de sol en una de las cercanas playas. El autobús iba lento, nada sabía
de mi impaciencia por llegar… tal vez fue la ansiedad la que no me permitió ver
en que momento la carretera empezó a difuminarse, la niebla se había apoderado
de la visibilidad.
A pesar de todo sabia
que el sol me regalaría instantes maravillosos, cuando la niebla se retirara
tan discretamente como había aparecido.
¡Asi fue!
Rápidamente el cielo iba tomando color y se dejaba pintar
por dorados y azules, pero no todas las nubes negras se retiraron… quisieron
quedarse para equilibrar tanto color.
P.D. Las fotografías están editadas para enderezar, recortar
y tocar un poco el contraste y poco mas… la intensidad y los colores son los
reales.



