
Llevaba en aquella casa casi diez años, y cada día estaba más convencido de que quería irse…, pero no encontraba la manera de liberarse de esas rejas que le mantenían dentro de ese extraño hogar.
No estaba solo, tenía unos cuantos vecinos… ¡raros! O el raro era el…, demasiados enigmas para su simple existencia.
El siempre había vivido entre la naturaleza, rodeado de olor a libertad, y con buen rollo con todos los que le rodeaban, incluyendo a los enemigos, o mejor dicho, a los que no consideraba amigos…, que tampoco era cuestión de juzgar la supervivencia de los demás.
Y ahora se encontraba en una situación que ni por asomo había soñado…, simplemente un día surgió, y ya no pudo dar marcha atrás….
La que más le llamaba la atención era la vecina peluda, nunca le había escuchado decir algo coherente, solo sonidos estridentes y sin sentido salían de su boca, no razonaba pero si observaba…, demasiado para su gusto, en más de una ocasión le había puesto nervioso, pues su mirada junto con sus quietas posiciones le irritaban.
…Y por si fuera poco una, su familia había ido en aumento… ¡y ya eran tres! ¡Para matarse! Y eso que todavía eran diminutos pero ya infernales.
¡¡Y los de enfrente!! ¡Un suplicio! Siempre cantando…, eran como una campaña de publicidad de dentífricos, siempre contentos. Buff…, que dolores de cabeza, ¡eran peores que una maldición sincronizada!
Pero el peor era sin duda su casero, no había quien lo aguantara; que después de mucho analizar la situación, había llegado a la lógica conclusión de que no había humano que le soportara más de unas horas; de hecho, las personas que con el osaban pernoctar no paraban de quejarse en toda la noche. Le daban mucha pena, había veces en que le entraban ganas de advertirles… ¡no consiguió encontrar el momento!, era muy peligroso porque nunca se quedaban a solas, siempre estaba el casero merodeando…, haciéndose el gracioso, incluso muchas veces les había presentado, no conseguía recordar sus nombres pues eran demasiados incluso para él, que tenía fama de grabarlo todo en su memoria….
Un día le vio entrar con ella de la mano, le pareció una postal increíblemente hermosa, solo había un fallo, ¡en ella estaba el casero…! de modo que se atrevió, no podía permitir que un ser tan bello sufriera los ataques de aquel casero despreciable…
…y se arriesgó!!
--¡¡Cabrón!! ¡Cada noche te traes a una distinta!
--¿¡Qué…!?... Se asombró ella.
--¡Loro de mierda! (sonrisa nerviosa)… ¿a que es gracioso mi loro, cariño?
--Si, muy gracioso,¡¡ sí!!.Se lo comentaré a todas las del club a ver si también les parece gracioso…
Petrificado estaba el casero mirando al loro con fuego en los ojos…, este detalle no le paso inadvertido a la guapa chica, que sin dudarlo antes de irse, se acerco a la jaula y la abrió…, le pareció poco y también liberó a los jilgueros..., viendo el panorama la familia de los gatos, se acercaron a la puerta… ¡malo sería que al irse la cerrara…!
Y no la cerró!
El lorito levantó el vuelo hacia la ventana, no sin antes obsequiar al casero con un " chao cariño, eres único"...
El casero pegado a la pared, pensaba que sus días de gloria habían terminado… ¡y por culpa del jodido loro al que un día había enseñado a hablar….!