Estoy acoplada al mar, le pertenezco, no podría
vivir demasiado tiempo alejada de él, siento su aroma fresco y salado, y me enloquecen
los reflejos que como pinturas de agua se mecen al ritmo de los vientos o navíos
que rompen su serenidad.
Creo que en una vida anterior fui pez… tal vez un pez
cualquiera que un día alguien arrancó a la fuerza del mar, y hoy todavía revivo
la angustia de permanecer en tierra firme los últimos segundos de mi vida.
Un paseo por el puerto renueva mis energías y me proporciona
la entereza necesaria para serenar todas las inquietudes…