La casa de los regalos.

Al otro lado están casí todos los PREMIOS Y REGALOS, que me habeis dado. Muchas gracias.
Ahora mismo hay un Premio de Rayén.
En un blog nuevo que espero que funcione y os guste.
Mostrando entradas con la etiqueta Juegos de seducción.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juegos de seducción.. Mostrar todas las entradas

25 de noviembre de 2012

Fantasías compartidas.


Al salir a la calle Marta comprobó que ya no llovía, pensó irónicamente que ya se habrían secado las nubes cuando la tormenta la sorprendió camino de su cita con Ricardo, en una cafetería al lado de su portal, estaba tan mojada que tuvieron que subir a su casa para secarse y él le prestó ropa suya para cambiarse; le quedaba enorme pero les resultaba graciosa la imagen que el espejo les devolvía de ese nuevo look. 


 Era tarde cuando Ricardo la acompañó a la puerta para despedirse.

 --¿No te sientes varonil dentro de mis pantalones? Ricardo sonreía con ese gesto tan peculiar que ponía cuando sus palabras ansiaban ir más allá.
Entre ellos solo existía una larga amistad, el tiempo suficiente como para conocer todas sus frases, pero él siempre conseguía sorprenderla. 

--Si, y me gusta. Le devolvió la sonrisa mientras pulsaba el botón del ascensor.

--Mmmm… piensa que ahí dentro estuve yo. 

Y Marta empezó a pensar, dejó volar su imaginación justo al interior de esos pantalones que ahora mismo llevaba puestos. Le hizo un guiño aprobatorio y un gesto con la mano que se interpretaba como “¡genial!”. Ricardo cerró la puerta con la certeza de que esta vez sí que había conseguido avivar el interés de su querida y deseada amiga.
 Marta lavó y plancho la ropa prestada y a la semana siguiente llamó a la puerta de Ricardo. 

--Muchas gracias Marta pero no eran necesarias tantas molestias, me hubiera encantado que mi ropa oliera a ti.

--Puedo hacer desaparecer todo rastro de mí en tus prendas, pero nunca podré borrar de tu mente que ahí dentro también estuve yo…

¡Cierto!

9 de septiembre de 2012

Al calor del Ocaso.





--Ya está…! pero tú puedes continuar en esta posición el tiempo que quieras.

Era su frase favorita, la parecía la más apropiada para esperar a que él se atreviera a dar un paso mas. Sabía que ejercía sobre su amigo de la infancia una atracción que él intentaba disimular. No lo conseguía.  No resulta fácil desprenderse de las redes de una mujer y mas si ella era conocedora de todas sus debilidades, pero se debatía entre lo que deseaba y el temor a estropear una amistad tan especial.  Se negaba a reconocer que se había enamorado profundamente y no podía dar marcha atrás. Tal vez siempre estuvo enamorado.

 Ella hacia tiempo que lo sabía y le encantaba ponerlo en aprietos con frases que daban lugar a conjeturas, le divertía ver que cuando él creía ver abierta la puerta de su corazón dudaba en entrar ya que se encontraba con explicaciones inocentes y habituales:

--¿Ya está el que…?. Le preguntaba intentando adivinar que había mas allá de esa pícara sonrisa y esa mirada de niña traviesa que siempre le cautivó.

-- La espalda estirada… ¿Qué va a ser si me estás dando un masaje?

Él en su confusión asistía y ella complacida seguía alargando un desenlace que se hacia cada mas profundo y anhelado.

El día había sido muy caluroso y el ocaso iluminó sus ojos cuando se vio reflejada en los de él…


31 de mayo de 2012

Tus besos.




--...Y sobre todo que sepas besar.

--¿Que sepa besar? No hay manera de entenderte.

--Pues es muy fácil, solo pido que sepas besar..., que tus besos me hagan estremecer y mi cuerpo levita entre nubes con formas de mariposas, quiero sentir el sabor de tus labios sobre los míos, que jueguen a esconderse y buscarse apasionadamente, que sienta que todo mi ser desee ser dominado por su boca.

Él la miraba atónito, en su vida había conocido a mujeres con casi todos los calificativos, pero como ésta jamás. Su estado natural estaba entre el desenfado y la ironía, nunca tenía la certeza de que si estaba hablando en serio o le estaba vacilando. No podía negar que le atraía pero cuando ya estaba decidido a decirle algo al respecto ella le salía con cosas como esta; ahora mismo dudaba si él con toda su experiencia sabría besarla…

--Me estas liando, yo no sé cómo besan los demás hombres pero yo nunca he tenido quejas.

--Pues eso puede ser interpretado de dos maneras: que luchando por respirar eran incapaces de protestar o que beses muy bien.

¡Y tan tranquila comiéndose un helado de café y chocolate! Ella era así, o se la quería o se la adoraba, porque después de soltarle todo lo que se le pasaba por la cabeza le envolvía con su sonrisa y una suave filigrana con uno de sus dedos de seda en la nuca, que casi siempre solía acabar el recorrido en la sien. 

--No estaría de más que me liberaras de mis dudas, porque ahora mismo estoy enredadísimo con tanto beso teórico.

Sin dejar de saborear el helado ella se levantó de su silla y se le fue acercando con los ojos clavados en su boca, no olvidó llevarse consigo la sonrisa… la guardó tan solo en el instante en que sus labios de café y chocolate se mezclaron obedientemente con los del encendido deseo.


25 de diciembre de 2011

Felicitaciones.



Tus manos rodeaban mi cintura sin apenas rozarla. Yo luchaba con la cordura para que me recordara que solamente estaba entre tus brazos para felicitarte el Año Nuevo, aunque mi deseo fuera instalarme en todos tus pensamientos; mis brazos reposaban en tus hombros y una de mis manos acariciaba tu nuca…, nunca supe como había llegado sola hasta allí, pero al sentir el roce de tu pelo en mis dedos me pareció el lugar mas apropiado. Dos besos, uno en cada mejilla, lentos y sintiendo el calor de tus labios en mi piel me confirmaron que ningunos de los dos quería separarse y sin embargo no nos hemos atrevido a más. 

Y mañana volveremos a vernos. Dudo de quien será el primero en darle forma al sueño que ambos llevamos fantaseando hace tiempo, pero de lo que estoy segura es de que navegaremos por los mares de las locuras hechas realidad al fin.

Llamo a tu puerta, abres y me recibes con tu habitual sonrisa, pero la percibo nerviosa, eso me dice que el camino es recto y deseado. Me voy directamente hacia ti. Mi abrazo te transmite el calor de mi cuerpo…, y siento el tuyo. Te miro a los ojos y me veo reflejada en tus pupilas, es mi imagen la que me dice que ya sobran las palabras.

--¿Volverás? Me preguntas casi al amanecer.

--No lo dudes. He de felicitarte la llegada de los Reyes Magos.


4 de noviembre de 2011

Compartiendo paraguas.


Fuera llovía y dentro estabas tú.

Entré. Me senté enfrente de ti…, te reconocí al instante y tú ni me has mirado.

 Tus pupilas se deslizaban por las páginas del libro que sostenía tu mano izquierda, tu mano derecha jugaba distraída con un mechero deslizándolo por entre los dedos con la destreza un gran fumador.
Tu café se enfriaba a un lado de la mesa y mi mente ardía de ansias de entablar conversación, me lo habían dicho todo sobre ti, lo sabía ¡todo! Menos el sonido de tu voz.
 Tú devorabas las páginas envuelto en el mundo que algún escritor inventó para ti…, y yo te soñaba en un largo paseo bajo las nubes de otoño.

El camarero se acerca y me pregunta cuál de los postres me apetece. Te miro y no puedo evitar visualizarte mirándome con una mirada pícara y una suave sonrisa, con borde de caramelo crujiente…, el camarero se impacienta. Sonrío y le indico que no voy a tomar postre… hoy.

Con gesto de satisfacción cierras el libro, te levantas, tomas la cazadora y te alejas…
Coges un paraguas y ya fuera del local lo abres. Salgo a tu encuentro…

--Perdona, pero te has confundido de paraguas, ese es mío.

-¡Lo se…! Pero he estado pensando que podríamos compartirlo. (Concluyes las palabras con una perfecta sonrisa).

--Excelente idea.

Bajo el mismo paraguas paseamos todos los bordes de la ciudad…

 ¡¡Me apasiona la magia de esos libros de doble fondo y mecheros que juegan en los dedos de los que no fuman!!


Translate