En agosto en una ruta programada pisé por primera vez las
Islas de San Simón y San Antón.
A nuestra llegada nos esperaban dos “monjes” encargados de
enseñarnos las dos islas y sus construcciones, con toda clase de colorido,
desviando nuestra atención hacia un galeón hundido con un tesoro, fruto de la
Guerra de Sucesión, no faltó la mención a la la estancia del Capitán Nemo y su
navío, (hay una placa del Nautilus en la Isla de San Simón y una escultura de
Julio Verne en su orilla).
La Isla de San Antón recogió a todos los enfermos de Lepra y
demás enfermedades contagiosas, un lento infierno para esas gentes hasta su
muerte.
La cruda realidad es que durante la Guerra Civil, San Simón
fue una campo de concentración y exterminio para los presos políticos
contrarios al Francisco, muy pocos se libraron de morir fusilados, unos 6.000, quizás
muchos más. En San Antón está el cementerio donde comparten reposo con los
restos de piratas ingleses que perdieron la vida en el vano intento de encontrar el
tesoro, también hay una placa donde se les recuerda; “"En memoria de
los luchadores antifascistas que sufrieron en esta isla todas las inclemencias
de la guerra 1936-39. Ayuntamiento de Redondela. Junio, 1987".

